Recuerdo
el verde lima del gigante en el que hacíamos más que ejercicios, gimnasio lleno
de recuerdos plasmados en mi mente, los ojos de cada una de las personas que
compartieron esos años junto a mí.
Los
pasillos fríos, aunque estuviera siendo calor, el kiosco, el patio, las pequeñas
piletas para tomar agua y asearnos las manos. Las voces de los chicos de
primaria y las maestras tratando de que prestaran atención.
Recuerdo
las sonrisas de mis compañeros, el bigote blanquecino del director y profesor
de física/química, la voz graciosa de Benítez, los anteojos del secretario Hernán,
la vestimenta semi-formal del preceptor, que todos le decíamos solo pablo. Recuerdo
el pelo siempre limpio y brillante de la preceptora Florencia, los chistes de
Precedo, la correcta Any Leiva que no paró hasta que pude entender bien los
mapas [ríe] los rulos de la profesora de historia que me hizo estudiar todo
diciembre para no repetir el año… todavía recuerdo la crisis del año 20, la 2da
guerra mundial, que a argentina se le llamo el crisol de razas…
También
recuerdo la insistencia del profesor Sarratea, quien fue más que un profesor
para alguno de nosotros.
Y también,
recuerdo a esa nena asustada, trayendo consigo la muerte de un ser querido y el
acoso escolar que sufrió mucho tiempo, parada sobre el verde lima, color que tenía
el gimnasio en ese entonces, mirando ese suelo frio e insípido, sintiéndose distante,
nula, casi trasparente, con las manos heladas casi al punto de sufrir un
desmayo, una nena de 15 años [en ese entonces, se podía decir NENA a los 15
años] que pedía a gritos silenciosos la rescataran, y también, recuerdo la cálida
mano de mi primera mejor amiga Graciela.
Claramente
sentí como una luz que descendía en el oscuro aljibe donde me encontraba. Con cada
sonrisa, cada palabra amable, cada abraso, cada risa, cada vez que se sentaban
a mi lado sin obligación, eran para mí una mano mas para salir de ese lugar
donde estaba.
Por eso
amo tanto a mi escuela, la ciento mía todavía, porque en ella encontré las
personas más maravillosas del mundo, las personas que sin saberlo me
rescataron, esas personas que me hicieron sentir que podía seguir estando en el
mundo.
Esos compañeros
que sin imaginarlo sanaron una herida infectada por recuerdos y momentos
dolorosos, esos profesores que lucharon por nosotros.
Por eso
siempre digo y lo repito, que esos tres años, fueron mis tres años de vida
escolar que no quiero olvidar nunca.
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Karina Nanette:
ResponderSuprimirMi querida amiga, leer esto en algunas lineas me llevo a viajar y recorrer los pasillos del lugar donde tuve mis estudios medios, sin duda en el segundo año muy lindos recuerdos y buenos amigos,podria decir que fue el mejor año de mis estudios, en el tercer y cuarto año de estudio, una gran soledad y vacio de soportar lo que ahora todos conocen como bullying, por ser para muchos "diferente".
Como siempre tus escritos no solo invitan a soñar, sino tambien a volverte a situaciones y momentos de la vida que están ahí y te marcan ya sea negativa o positivamente.